sábado, 30 de mayo de 2009

El jueves fue el cumpleaños de E. Hicimos una mini celebración, a esperas de que llegue el domingo. Estaba un poco preocupado por saber cuánta gente desconocida habría y, resumiendo, me emborraché un poco para ser más social. Y no me explico cómo, acepté un trabajo que me propuso un chico simpático y hercúleo que no recuerdo cómo se llama. Consiste en hacer callar a la gente que se queda delante de una escuela de baile llamada Bailongu. Los viernes de once a tres de la noche. E, L y H trabajan ahí, y supongo que me pareció súper bien. En cuanto me desperté a la mañana siguiente ya no tanto. De momento nadie ha llamado para confirmar nada.

Luego descubrí que el chico hercúleo es nadador, de ahí su corpulencia.

También me ofrecieron un trabajo en un tanatorio. De esas personas que acompañan a los familiares desde la entrada y organiza a la gente. Demasiado para mí.

Desde el domingo he perdido tres kilos y he tenido un montón de sueños. Ya nunca los escribo.

Y problemas imaginarios.

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